- corrected monobloc chair – silla corregida, 2016
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- Corrected monobloc chairs
- corrected monobloc chair – silla corregida, 2016
Inscribing: meditations on time and space
Bridge Red Studios/Project Space
Curated by William Cordova
September 13 – November 1
A project focusing on the evidence or our human presence through photography, painting, drawing and sculpture. Our gestures, stories, recorded moments, building abstract narratives that include geometry, text, the figure and textiles. -william cordova
susan weiss – karen rifas – michiku kurisu – hiram maristany – kristen thiele – yanira collado – robert mcknight – lou anne colodny – alexis sanfield – alejandro valensia – carlos sandoval de leon – ilka hartmann – donald mcknight – ena marrero – onajide shabaka – warren bailey – leslie hewitt – ernesto oroza – rick ulysse – rosemarie chiarlone
The Patricia and Phillip Frost Museum of Science and the Ryder Charitable Foundation are excited and proud to host a new two-day festival, NEXT: From Nano to Macro, Innovation at Every Scale. At NEXT, science and techie fans of all ages can learn about how technology is rapidly adapting to accommodate society’s growing demand for “the NEXT big thing.” During the weekend, visitors will discover that innovation is everywhere –from the obvious to the discreet. Activities include the following:
*NOTE: We encourage visitors to bring in objects for the Mutants Maker Challenge and Belly of the Beast Maker Activity. More details to come soon!
The event schedule to come soon, so check back regularly!
For more information about the Ryder Charitable Foundation, please click here.
Antenas vernáculas concebidas para decodificar y “robar” la señal de la emisora estatal de radio “para Centros de Gastronomía y Comercio de Ciudad de la Habana”. Los creadores de estas antenas las ocultaban en cajas pequeñas de plástico y mas comúnmente en el interior de autos de juguete. Esa es la razón por la cual había tantos televisores y radios en la Habana atados con un cable delgado a pequeños autos de carrera o a camiones de bomberos y autos de policía. Habana, 2005
La fusión de gasolina y espuma de poliestireno (poliespuma) se ha usado en Cuba por muchos años. El combustible consume cada molécula de oxigeno derritiendo el plástico hasta convertirlo en una masa grisácea que toma diversas contexturas en relación a la proporción. La voracidad de la gasolina en el proceso produce, al observarlo, cierta fascinación, metros cúbicos de poliespuma son absorbidos hasta desaparecer en un instante. La mezcla se utiliza para sellar peceras y fisuras en las ventanas y muros, reparar espejos, hacer lámparas uniendo fragmentos de vidrio. Recuerdo una guitarra reparada, unos espejuelos, un botón de un televisor, álbumes fotográficos que exhalaban al abrirlos, con las memorias, olor a combustible pues las fotos fueron pegadas con esta super masa.
Esta primera aproximación y producción incluye espejos, lámparas, percheros, enchufes y tomas eléctricos, cabos de cuchillos y de punzones, joyas, envases, celosías, una gruta, textos volumétricos y otros elementos de difícil definición y usos.
MANIFIESTO DE POLIESPUMA CON GASOLINA.
Una materia gris chorrea por toda la isla.
Se mete entre las dos mitades de una sirena, se asienta bajo la cabeza de un indio americano en un altar, se derrama bajo la copa de una santa de yeso.
Dicen que las colas de los cóndores de Allende (1972) fueron pegadas con esta masa años más tarde, después del desastre en la Academia de Ciencias.
Matilde abre un álbum de fotos y llora por el olor a combustible.
Con las plantas de montaje de televisores Caribe llegó la poliespuma a Cuba, la trajeron los soviéticos. También trajeron gasolina.
Fueron los soviéticos, pero ya toda esa baba había salido de la tierra para pegar cuellos, vientres y patas de caballos de porcelana, también salidos de la tierra.
Sale de las entrañas pero la escupió el cielo en Trảng Bàng.
La ciudad huele como Doha.
Del desayuno bajo una lámpara art noveau –arte nuevo de verdad diría Feijóo– la masa sube contorneándose como bejuco; reúne cada pedazo roto de vidrio mientras se deja atravesar por la luz.
Preparar la mezcla, además de oxígeno, consume tiempo. Acumular una cantidad útil toma semanas.
Mi padre pega sus espejuelos y un botón del televisor.
Pero ¿y si la masa se desparrama de los pomos came donde ahora duerme? ¿Y si sale a la calle y empieza a pegar cabezas de indio en culos de sirenas? ¿Si se emborracha con su propio aliento y decide ser una capa geológica tiránica, como la boronilla de urbe y carne que yace por la isla, o como el marabú?
Miles de envases con unos mililitros de gasolina –dos o tres dedos– acechan en los balcones y patios de toda la isla.
Cuba es un agujero negro que puede devorar, en segundos, toda la poliespuma del universo.
Flash Théorie : “Autoproduction”
http://esad-reims.fr/blog/category/2.html
Mardi 12 mars 2013, de 9h30 à 13h – Médiathèque Falala, Reims • L’ESAD reprend le fil conducteur de sa recherche en Design : l’autoproduction. Avec une affiche d’invités particulièrement prestigieuse et internationale.
Qu’est-ce que l’Auto-production ?
Mettant en cause des modèles de développement, de consommation et de représentation de l’industrie à grande échelle, de plus en plus de designers choisissent – ou sont contraints – de se (ré)approprier le territoire de la production. Diverses et variées, leurs démarches vont du design d’édition à l’autoproduction assistée par ordinateur (fab lab), en passant par des unités de production semi-artisanales, et se posent comme des systèmes d’adaptation à la crise économique et industrielle de ces dernières années aussi bien que comme prises de positions éthiques, esthétiques et politiques. L’autoproduction y devient un modèle, que l’ESAD défend à travers une théorie, un système et un modèle éducatif.
Initié lors des 2èmes Rencontres Internationales de l’Art et du Design (24 octobre 2011), cette recherche s’inscrit désormais dans un vaste projet européen portant sur la notion d’Innovation Sociale intitulé Design and Social Innovation : Political Economy of the Commons (SIDESIGN ) qui regroupe onze institutions internationales.
Avec les interventions de :
Ernesto Oroza
Designer, professeur à Institut polytechnique de La Havane (1995-2000), lauréat de la Harpo Foundation grant (2010), co-auteur, entre autres, de
RIKIMBILI : Une étude sur la désobéissance technologique et quelques formes de réinvention (PUF Saint-Étienne, 2009). Projets « Architecture and Objects of Necessity ». http://www.ernestooroza.com
Daniel Sibony
Psychiatre et philosophe, auteur, entre autres, de Entre dire et faire : penser la technique, Paris, Grasset, 1989 et de Création. Essai sur l’art contemporain, Seuil 2005. http://www.danielsibony.com/
Wolfgang Schäffner
Professeur et directeur de la chaire de Cultural History of Knowledge, Humboldt Universität (Berlin), partenaire du projet européen SIDESIGN et directeur du Cluster of Excellence « Image Knowledge Gestatltung. An interdisciplinary Laboratory ».
FX Balléry
Designer diplômé de l’ESAD de Reims et du Royal College of Art (Londres), fondateur de l’agence FX Balléry Design, double lauréat du prix du Comité Colbert pour Chanel et Hermès et du prix Découvertes NOW! Design à Vivre (2012). http://www.fxballery.com
Modération :
Patricia Ribault, responsable de la recherche et Laurence Mauderli, professeur en histoire et théorie du Design à l’ESAD de Reims
Contact ESAD : 03 26 89 42 70
Médiathèque Jean Falala
2, rue des Fuseliers, 51100 Reims
Entrée Libre
More info here: http://www.ernestooroza.com/category/ujamaa/
Desobediencia Tecnológica. De la revolución al revolico.
Ernesto Oroza
Revolución
“¡Obrero construye tu maquinaria!” fue la invitación que Ernesto Guevara –Ministro de Industrias (1961-1966)– lanzó a los participantes de la Primera Reunión Nacional de Producción en agosto de 1961. Este evento fue el primer impulso ideológico al movimiento nacional de innovadores e inventores cubanos, que se habían agrupado desde 1960 en los Comités de Piezas de Repuesto.
Dos años y medio después, en 1964, se crea la Comisión Organizadora Nacional del Movimiento de Innovadores e Inventores con el propósito de organizar el movimiento y darle un carácter institucional. El movimiento, que años después se constituye como Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (ANIR), se consolidó por la confluencia de dos circunstancias: por un lado el deterioro de las industrias y por otro la salida masiva del país –desde inicio de 1960– de ingenieros, técnicos y obreros calificados, que buscaban continuidad laboral en suelo estadounidense con las empresas para las cuales habían trabajado en la isla.
El nuevo gobierno nacionalizó las empresas extranjeras y convocó a los obreros como los nuevos ‘dueños’ del parque productivo de la nación, invitándolos a asumir la creación de piezas de repuesto y también las primeras tareas de reparación. Las maquinarias rotas parecían, por esos días, el enemigo más temible de la patria. Un torno sin husillo, una sierra sin volantes, moldes desgastados y un centenar de artefactos mutilados aterrorizaban como zombis descuartizados el devenir de la nueva sociedad.
Los ‘espacios vacíos’ en las máquinas paralizaban el engranaje de la revolución. Los obreros comenzaron a llenar esos vacíos y lo hicieron tantas veces y durante tantos años, que muchas de esas máquinas poseen hoy más piezas hechas por ellos que originales. En el argot popular de los talleres se renombraron estas máquinas alteradas –o totalmente rehechas– como criollas. Si un ingeniero exiliado en EUA hubiese regresado a la isla diez años después, ya no sería un experto. Las vísceras de los aparatos de tecnología norteamericana que conocieron bien, habían sido sustituidas por otras más toscas y ruidosas, aunque igualmente productivas.
He seguido a algunos de estos primeros innovadores cubanos y he notado, recurrentemente, que a lo largo de su vida dejan una estela de invención que transforma todo. No trataron, únicamente, de reparar las máquinas que usaron en las fábricas; sus tareas debieron comenzar en los hogares que devinieron los verdaderos laboratorios de invención. El mismo obrero que arreglaba el motor de un avión de combate soviético MIG15, le fabricaba a su esposa un portarretrato con clavos, espejos e hilos o, al escasear los fósforos, hacía un encendedor eléctrico con una bombilla y un bolígrafo.
Y es que esta historia, que parece un sueño obrero desbordado de épica tropical, ha tenido matices contradictorios. Tras la secuencia de nacionalizaciones llevadas a cabo por el gobierno autodeclarado comunista, así como la evasión de pagos de indemnizaciones a empresas extranjeras expropiadas, EUA declaró un embargo a la isla buscando obstaculizar la llegada de materias primas, sustitutos industriales y mercancías en general.
Como consecuencia, el país, acelerado por la ineficiencia productiva y la burocracia incipiente del sistema socialista que obstaculizaba todas las iniciativas individuales y eliminaba el estímulo de la propiedad privada, fue sumergiéndose en una crisis económica que tocó fondo por primera vez a principio de 1970.
Aquí la paradoja: la desobediencia tecnológica, que nace como una alternativa que la revolución estimuló, devino el principal recurso de los individuos para sobrevivir la ineficiencia productiva de la misma. Así, el propio obrero que ha utilizado por años su imaginación para ayudar a que la revolución no se detenga, la ha usado también para resistir las duras condiciones de vida que el inoperante gobierno revolucionario le impone.
Acumulación
Durante los primeros meses de 1970 la desolación cubrió la red comercial del país. Los obreros, quienes habían vivido diez años en revolución, vieron como una década de esfuerzos no resolvía los problemas de la vida cotidiana. En el ámbito familiar se desató un comportamiento preventivo que ha permanecido en la base organizativa del fenómeno creativo cubano: ‘la acumulación’.
La desconfianza en el éxito de la revolución convirtió cada espacio de la casa en un área de almacén: cada materia u objeto –o fragmentos de éste– devino sujeto de la acumulación. Con este simple y primer gesto se cuestionaron radicalmente los procesos y lógicas industriales, revisándolos desde una perspectiva artesanal.
Todo objeto podía ser reparado o reusado en su contexto u otro diferente. La acumulación, que es un gesto manual, separó al objeto occidental del ciclo de vida asignado por la industria y pospuso el momento de su desecho, insertándolo en una nueva línea de tiempo. Este primer desacato organizó e inscribió su propia noción de tiempo al fenómeno productivo cubano que he denominadoDesobediencia Tecnológica.
Cuando los individuos conservaron los objetos, archivaron también principios técnicos, ideas de unión y arquetipos formales. En cada momento crítico escarbaron mentalmente en su stock para encontrar ‘la cosa’ exacta que guardaron con previsión. Cuando faltó la luz, se rompió el ventilador o se fracturó la primera silla, la familia escuchó susurros provenientes de los patios, de bajo las camas, de los oscuros rincones de la sala donde habían guardado todo tipo de cosas. Pedazos de sillas completaron a las recién rotas. El viejo y deteriorado farol de kerosene (Eagle) reapareció cuando los apagones azotaron la isla. Un envase metálico para leche condensada, con unos frijoles secos en su interior, sirvió de juguete sonoro a mi hermano mayor, recién nacido en ese momento.
En la década siguiente, y por el reforzamiento de las relaciones estratégicas y económicas con la URSS, el país pareció salir de la crisis. Los intercambios económicos con el Consejo de Ayuda Mutua Económica (COMECON) instauraron en la isla la estandarización. Todos los cubanos conocieron un solo tipo de refrigerador (Minsk), dos tipos de TV (Caribe y Krim), un único ventilador (Orbita) y dos generaciones de una misma lavadora (Aurika). Siete tipos de envases sostenían los intercambios con la Europa comunista. Se enviaba dulces de papaya a cambio de peras en sirope a Bulgaria; en la misma botella que se envasaba Vodka en Rusia se distribuía el Ron en la Habana. La base material burguesa pre-revolucionaria se mezcló con los sistemas de objetos estandarizados.
La industria comunista priorizó las producciones con fines sociales. Las sillas eran las mismas en todas partes. Las acumulaciones en los hogares también recibieron aires de estandarización. Que todos guardaran ‘lo mismo’ favoreció el asentamiento de un lenguaje técnico común y estandarizó –también– las soluciones e ideas de reparación. La racionalización y normalización dotaron de un patrón al sentido común y este hecho tuvo su efecto posteriormente.
Años después había objetos ingeniosos producidos por cientos de personas al mismo tiempo, pero en diversos lugares. La bandeja de aluminio, usada en los comedores escolares y obreros de toda la isla, devino la única antena de televisión posible en la isla. ¿Cómo fue posible una expansión así? ¿Hubo una primera antena que inspiró a todos? ¿O la antena fue una conjunción fatal de necesidad, estandarización y astucia vernácula? Ciertamente la bandeja era el único pedazo de metal accesible y las antenas normales habían desaparecido prontamente del mercado tras la crisis.
Muchos cubanos hablan de los 80’s como una década de esplendor. Y, ciertamente, había más cosas, muchas más cosas… para acumular. El fin del bloque socialista europeo estaba por llegar y, con la caída del muro de Berlín en 1989, cayeron las importaciones cubanas por más de un 80%. El país se sumergió en la crisis económica más agresiva de toda su historia.
Rápidamente, los individuos comprendieron que estaban solos en la batalla por la sobrevivencia. El gobierno, paralizado e ineficiente, hizo un único gesto: suspendió temporalmente el control y flexibilizó las limitaciones al trabajo por cuenta propia, así como a las iniciativas individuales que estaban dirigidas a la sobrevivencia de la familia.
Los inspectores estatales recibieron órdenes de mirar al vacío cuando toparan con una infracción en la ciudad. La extensión en el tiempo de ésta crisis, obligó a las autoridades a declarar el país en estado de emergencia y nombró esta circunstancia como “Período Especial en tiempo de paz”. Sólo cuatro años después de caer el muro de Berlín el gobierno de la isla hace pública un ley hasta entonces impensable, la Ley 141 del 6 de septiembre 1993 que permitía, limitaba y regulaba el trabajo por cuenta propia.
Desobediencia
Al principio del Período Especial, los cubanos creaban sucedáneos instantáneos –objetos o soluciones provisionales– que le resolviesen sus problemas hasta la desaparición de la nueva crisis. Con los años, y por la continua escasez, ganaron confianza e hicieron frente a todos los problemas de vivienda, transporte, vestimenta y electrodomésticos. Es decir, las prácticas productivas de los primeros años de los 90’s eran sólo reparativas de una realidad material destruida e insuficiente, pero esto fue sólo la antesala del fenómeno creativo mas espontáneo y revolucionario de la nación en toda su historia.
Mientras reinventaban su vida, algo inconsciente se perfilaba como una mentalidad. De tanto abrir cuerpos el cirujano se desensibiliza con la estética de la herida, con la sangre y con la muerte. Y esa es la primera expresión de desobediencia de los cubanos en su relación con los objetos: un irrespeto creciente por la identidad del producto, tanto como con la verdad y autoridad que esa identidad impone. De tanto abrirlos, repararlos, fragmentarlos y usarlos a su conveniencia, terminaron desestimando los signos que hacen de los objetos occidentales una unidad o identidad cerrada.
No se atemoriza el cubano con la autoridad emanada de ciertas marcas como Sony, Swatch o la propia NASA. Si está roto, se arregla. Si le sirve para reparar otro objeto lo tomará, a pedazos o íntegramente. El desacato ante la imagen consolidada de los productos industriales se traduce en un proceso de deconstrucción: fragmentación en materiales, formas y sistemas técnicos.
Es como si al tener un acervo de ventiladores rotos los entendiéramos como un conjunto explotado de estructuras, uniones, motores y cables. Esta liberación, que reconsidera lo que entendemos como materia prima o incluso materia semifinis, para rebasarla con la idea de materia objeto o materia fragmento de objetos, hace cierta omisión del concepto ‘objeto’ en sí mismo: en este caso del ventilador. Es como si el individuo en la isla no tuviera la capacidad de ver los contornos, las articulaciones y los signos que semióticamente hacen ‘el objeto’ y, en cambio, sólo viera un cúmulo de materiales disponibles que son usados ante cualquier emergencia.
El proceso remite a la idea del objeto transparente que Boris Arvatov enunció en los albores del produccionismo. Arvatov se refería a lo que debía ser el objeto socialista, en oposición al hermetismo del objeto suntuoso burgués. Sin embargo, los cubanos ven “a través” de todos los objetos sin importar su procedencia ideológica. La crisis profunda e interminable ha dotado al individuo de una destreza especial. Si un objeto se rompe, no importa si es un objeto capitalista o socialista, se torna invisible como objeto, para mostrarse como una relación de partes.
El objeto que es esencialmente transparente, como el que Arvatov soñó, es el que he nombrado objeto de necesidad. Hablo, por ejemplo, del farol de keroseno que alguien creó con un envase cilíndrico de vidrio de 13 cm. de diámetro y 13 cm. de altura y el cual tenía en su interior, sumergido en el keroseno, el porta mecha fabricado con un tubo de pasta dental. El envase de vidrio, suministrado por los intercambios del COMECON, servía al mismo tiempo en éste farol como envase del combustible y como pantalla (lampshade). La transparencia arvatoviana está dada aquí por la capacidad de diagramar el proceso mental y manual de su creación, con los principios funcionales y de uso tanto de su totalidad como de sus partes. Es decir: el farol diagrama la capacidad del individuo para entender su urgencia y responder con la dosis proporcionada de ingenio, temporalidad y austeridad.
El otro objeto de necesidad emblemático es el ‘ventilador/teléfono’. El sujeto, devenido reparador, al romperse la base del ventilador, recuerda que ha guardado por años un teléfono roto proveniente de la ex Alemania Democrática (RDA). Lo recuerda porque la base del ventilador Orbita emula la forma prismática piramidal del teléfono. No está interesado en establecer asociaciones ni significados, él está interesado únicamente en la analogía formal de dimensión y estructura. El ventilador reparado es, a la vez, un esquema de la astucia del individuo, un diagrama de la acumulación y una imagen de desobediencia y reinvención moral que el cubano ha asumido.
Para adentrarnos en los procesos que dan sentido a la desobediencia tecnológica comentaré algunas ideas sobre prácticas como ‘la reparación’, ‘la refuncionalización’ y ‘la reinvención’; todas ellas con un grado de subversión elevado. En primer lugar, por la reconsideración del objeto industrial desde un ángulo artesanal. En segundo lugar por la forma en que niegan los ciclos de vida de los objetos occidentales, prolongando en el tiempo su utilidad, ya sea dentro de la función original o en nuevas funciones. En tercer lugar porque al aplazar la acción consumo, pero satisfaciendo las demandas, estas prácticas devienen formas productivas alternativas.
i. Reparación
Veamos concretamente el caso de la reparación. Esta práctica es la más extendida, se expresa en la escala familiar y en la Estatal. Como muchos de los objetos electrodomésticos en Cuba provenían de producciones masivas y estandarizadas, las soluciones de reparación se normalizaron impulsando la creación de un enorme sistema de piezas de repuesto.
El gesto más desobediente de la reparación es la capacidad de inmortalizar los objetos conservándoles sus funciones originales. La reparación puede ser definida como el proceso mediante el cual devolvemos parcial o totalmente las características –técnicas, estructurales, de uso, de funcionamiento o de apariencia– a un objeto que las ha perdido completa o parcialmente.
Cuando se repara, se establece una relación más compleja con el objeto, es una gestión que supera, incluso, el uso del mismo. De cierta forma equilibra la dependencia que tenemos de los objetos, colocándolos en una posición de subordinación con respecto a nosotros. Es decir, que el dominio que impone el objeto al usuario a través de sus limitaciones, queda balanceado con la dominación forzada de su tecnología por parte de éste.
En otro sentido, cuando la reparación es capital o cuando su envergadura incluye la refuncionalización del objeto, entonces genera un nuevo tipo de autoría: la del reparador. Este sujeto termina siendo un depositario de los secretos técnicos del producto. Las reparaciones no siempre son definitivas, a veces se reconocen como paliativos o ‘maquillajes’ que hacen parecer nuevo al producto que las recibe.
Reparar es de alguna forma reconocer, restituir, y en cierta medida legitimar las cualidades de los objetos; por eso es la más discreta de las formas de desobediencia tecnológica. Su potencialidad está en la posible concepción abierta del producto contemporáneo, democratizando su tecnología, propiciando su longevidad y versatilidad. Muchas veces de un proceso de reparación resultan dos cosas: el objeto reparado y la herramienta que lo reparó. La reparación abre las puertas a procesos como la refuncionalización y la reinvención.
ii. Refuncionalización
La refuncionalización es el proceso mediante el cual nos aprovechamos de las cualidades –materia, forma, función– de un objeto desechado, para hacerlo actuar de nuevo en su contexto o en otro nuevo. Esta definición incluye a las partes del objeto y las funciones que dichas partes cumplen en éste; por tanto abarca operaciones como la metamorfosis y la re-contextualización.
Son los objetos asociados a la alimentación, entre los sistemas de objetos domésticos, los que más gestos de refuncionalización reciben; específicamente en cuanto al envase y re-envase de alimentos. Cuando la refuncionalización pone a convivir objetos –o partes de ellos– en un nuevo producto o solución, entonces la operación puede ser considerada como una reinvención.
iii. Reinvención
De las tres prácticas mencionadas, la reinvención es la que contiene más actos de desacato ante la cultura industrial y el contexto. Puede ser entendida como el proceso mediante el cual creamos un objeto nuevo usando partes y sistemas de objetos desechados.
Los objetos reinventados se parecen a los inventos originales, por la austeridad y desfachatez con que son utilizadas y articuladas sus partes. Las reinvenciones muestran objetos transparentes, sinceros y proporcionales, en términos de inversión material y simbólica, con la necesidad que los provocó. Conservan también el conjunto de gestos manuales, conceptuales y económicos que el operador-creador les añade.
Un caso paradigmático es el del ‘cargador de baterías no recargables’ que encontré en la Habana en 2005. Enildo, su creador, lo fabricó para recargar las baterías que continuamente demandaba el aparato auditivo de su esposa. Para reparar la batería, reanimándola como a Frankenstein, Enildo debió reinventar un cargador que se conecta a la pared y que, por veinte minutos, es capaz de alojar en la pequeña batería una carga que dura unos 20 días. El artefacto que parece un diagrama didáctico, desnuda su sistema técnico. Su objetivo es reanimar la batería, al hacerlo cuestiona las lógicas técnicas y comerciales que están inscritas en la misma.
La reparación, refuncionalización y reinvención pueden considerase saltos imaginativos, en oposición a los conceptos de innovación favorecidos por las lógicas comerciales vigentes, los cuales proponen escasas soluciones a los problemas actuales del individuo. Los saltos imaginativos, por el contrario, plantean una recuperación de las actitudes creativas de los usuarios y de los centros de generación de bienes materiales.
Las prácticas que he comentado en este texto parecen retrogradas o ajustadas a una realidad pobre, pero realmente no pretenden la utopía de cambiar la realidad sino la posibilidad de tener conciencia de ella. Irónicamente son una evasión, del mundo de sueños del consumismo idílico, a la realidad. Es difícil imaginar que estas prácticas en sí mismas tendrán un espacio dentro de la concepción del diseño del futuro. Su valor radica en el presente, en la posibilidad de subvertir los órdenes actuales y proponer nuevas miradas sobre las relaciones con los objetos, el mercado y la industria; esa es su modesta forma de incidir en el futuro de la disciplina.
Para concluir con la desobediencia tecnológica en Cuba, debo aclarar que su existencia no sólo tiene que ver con el rechazo y trasgresión de la autoridad de los objetos industriales y los modos de vida que ellos contienen y proyectan. Ella encarna, sobre todo, un desvío ante las asperezas económicas y las restricciones dominantes en el contexto cubano.
Por tanto, la desobediencia que he nombrado tecnológica en el marco de este texto, tiene imbricaciones y variantes en lo social, lo político y económico, por lo que puede ser denominada también con esos apellidos. Es una interrupción al estado de tránsito perenne que impone occidente y al estado de tránsito al comunismo –también interminable– que la oficialidad ha instaurado en la isla.
Revolico (un epílogo provisional)
Hace 5 años, en el 2007, apareció www.revolico.com; una página web para que los cubanos –los escasos que acceden a Internet– hagan sus ventas de casas, autos, y bienes de toda índole. El nombre no podía ser más acertado, la Revolución devino un Revolico.
Dicha web es un depósito de descripciones y anagramas, un extenso desglose de artefactos, especialmente de autos híbridos: “Vendo Fiat 125, 1974. Con Motor original en perfecto estado; caja de velocidad 5ta de SEAT; carburador de NISSAN V-12, butacas delanteras de TOYOTA YARI; pizarra de LADA nueva, con todo funcionando; CD player SONY con 4 bocinas y cloche de PEUGEOT todo nuevo…”.
Las terminologías y convenciones vernáculas usadas por los usuarios de Revolico son indicativas de un movimiento social y un lenguaje de resistencia consolidado. Durante una presentación de objetos electrodomésticos chinos, llegados a Cuba para sustituir los ventiladores, cocinas y refrigeradores que el pueblo había creado para resistir la dictadura, el propio Fidel Castro reconoció a estos artefactos cubanos como enemigos, nombrándolos “monstruos devoradores de energía”.
Además de www.revolico.com y los discursos de Castro, hay otros espacios que se han hecho eco de las desobediencias tecnológicas. Hablo de la prensa oficial, los documentos y las declaraciones legales que el Estado decreta, en su desespero por controlar el torrente de iniciativas individuales. El primer hallazgo fue el Artículo 215 de la Ley No. 60 del Código de Vialidad y Tránsito: “Se prohíbe la construcción de vehículos y, por tanto, su inscripción en el Registro, mediante el ensamblaje de partes y piezas nuevas o de uso, cualquiera que fuere el título de adquisición de las mismas”.
Más adelante encontré notas en la prensa oficial donde algunos periodistas del régimen describen –con términos peyorativos y dramáticos– cuanto perjudican los ‘Rikimbilis’ a la salud y a la ciudad. Los ‘Rikimbilis’ eran, inicialmente, bicicletas a las cuales les añadían motores de aparatos de fumigación, bombas de agua o de sierras manuales; el término permite nombrar hoy todos los artefactos rodantes híbridos y/o reinventados en la isla. Una de las notas de prensa que guardé denuncia el robo de señalizaciones del tránsito para construir las carrocerías de estos artefactos.
Pero algo nuevo supera las notas de la prensa, los documentos legales y al propio Revolico. Desde hace algunos meses el Estado ha lanzado un decreto ley que permite recircular a aquellos autos destruidos por choque, corrosión o abandono. Cuando un auto, por estos motivos, salía de circulación resultaba imposible incorporarlo nuevamente a la vía. El nuevo decreto permite inscribir un auto si éste conserva un 60% de sus rasgos originales. Esto abre un umbral del 40% a la fantasía técnica y formal. En el vocabulario cotidiano se nombra a estos autos como ’60 por ciento’, aunque la denominación más adecuada sería la de “40 por ciento’.
Este fenómeno empieza por demandar nuevos tipos de expertos. En los años venideros habrán expertos del ‘60 por ciento’ compitiendo con expertos del ‘40 por ciento’ y en las narrativas legales encontraremos truculentas maravillas. La batalla de los porcentajes, que tomará lugar en el cuerpo de los autos, tendrá un impacto en el cuerpo de la ley general del tránsito. ¿Quiénes y cómo definirán las fronteras legales y físicas entre el 60% y el 40%?
En marzo pasado hallé un Peugeot 404 diseñado en 1962 por Pininfarina. El auto mostraba, al menos teóricamente, el 60% del diseño original; el 40% restante no puede ser adjudicado al diseñador italiano. Los nuevos encuentros y líneas que aparecieron en el maletero, los sistemas técnicos ahora híbridos, los plexiglases de colores que sustituyen las ventanas y los guardafangos inflamados, entre otras alteraciones, conforman ese 40%.
Las líneas de este auto evocan ahora una aerodinámica vernácula, risiblemente especulativa y utópica. La forma de un auto, cuando su fabricante es serio, es también un diagrama de la velocidad, la resistencia del aire, las turbulencias y otras fuerzas del universo sobre el automóvil. Si damos por sentada esa relación y la invertimos, al cambiar la forma del Peugeot estaríamos diagramando y proponiendo las leyes físicas de un nuevo universo. Esta propuesta dejará de ser delirante si se propone como un modelo de interpretación del caos, provocado por estos autos, en su encuentro con la reglas del universo legal.
Cuando el auto se alejó, pensé que en su movimiento buscaba alejarse para siempre de su referente, del modelo de estandarización con el cual compartirá, desde ahora, un determinado por ciento. Dos cuadras después hallé otro ‘40 por ciento’: Volkswagen por delante y Fiat por detrás.
Documentos contaminados, 1999.
Me interesan los documentos corrompidos, impuros, emponzoñados por la naturaleza y esencialidad del sujeto que investigan. Uno de mis primeros archivos infestados data de 1999.
Ocurrió durante un viaje de un mes por la isla en compañia de Penélope de Bozzi. Estábamos realizando una extensiva documentación en diapositivas con una ayuda económica de FIACRE que Penélope consiguió para producir nuestro libro Objetos Reinventados.
En Holguín pensé que debía diversificar el proceso de registro para ahorrar rollos de diapositivas. Al comprar algunas lámparas improvisadas decidí llevarlas a una casa/estudio de fotógrafo. El señor se dedicaba, según aclaraba el cartel en la puerta de su casa, a tomar retratos en blanco y negro para carnets de identidad, licencias de conducción, visas y pasaportes. Los estudios fotográficos en el hogar estaban entre los escasos negocios permitidos en esos años. Estos fotógrafos disponían de un set improvisado en la sala con una silla y un fondo blanco, posiblemente una sabana, sobre el cual se tomaba la fotografía. Inicialmente yo estaba interesado en contaminar mi proceso de registro con el formato (retrato ID), el fondo (backgound) y otras calidades especificas de este tipo de negocio, pero el fotógrafo fue mas allá e insistió en no salirse de su método de trabajo: me hizo respetar el precio, la cantidad de copias por cada foto y como era la costumbre me pidió recogerlas al final de la tarde. Cada fotógrafo que visité durante ese viaje tuvo similares exigencias.
Crystal Radio (Radio a Galena), 2011. Ernesto Oroza, Gean Moreno.
“Radio a galena” is an rudimentary crystal radio that function without a conventional power source. They are housed inside milk crate casings which are then stacked in towers. Early versions of the modern radio as we’ve come to know it, Crystal Radios convert electromagnetic radio waves into alternating electric currents.
220°C Virus Monobloc
The Infamous Chair
Editors: Arnd Friedrichs, Kerstin Finger
Texts by Hajo Eickhoff, Max Küng, Andrej Kupetz,
and Alice Rawsthorn
Language: English
Publisher: Die Gestalten Verlag (September 1, 2010)
Release: September 2010 Available Soon!
Price: € 29,90 / $ 45,00 / £ 27,50
Format: 17 × 24 cm
Features: 192 pages, full color, softcover
ISBN: 978-3-89955-317-8
Monobloc is the established term for the ubiquitous stackable plastic chair that can be found on patios and in yards, snack bars and campgrounds around the globe. Although despised by design aficionados, it is arguably the most successful piece of furniture in the world. 220°C Virus Monobloc is an entertaining documentation of the love-hate relationship designers have with this chair. In addition to homage paid by renowned designers including Philippe Starck, Jerszy Seymour, Maarten Baas, and Konstantin Grcic, the book presents a range of work, photography, and art that is a tongue-in-cheek take on the phenomenon of this chair.
Jeudi 20 mai, espace Viénot 2, à 18h30
Ernesto Oroza, designer cubain, RIKIMBILI est sa dernière publication.
Thursday 20 May Viénot 2, 6:30PM at ENSCI, Paris.
ADDRESS:
48 rue Saint Sabin, FR-75011 Paris, France
Phone +33 1 4923 1230, Fax +33 1 4923 1203
Website http://www.ensci.com/
“The need for raw materials converts these places into very selective “black hollows”. All the plastic objects from the surroundings were absorbed by the mechanism, a kind of industrial cannibalism. Hordes of plastic prospectors were collecting containers from everywhere to feed the monster that was expelling little heads of Batman at the other side. Sometimes families were living with the machines inside the house, not in a patio or a cellar. A room during the day can transform itself into a plant to produce electric switches, pipes or hoses. Photos of children on the wall of the house and a small bedside table now used as a toolbox reappraised the past of the space.”
From: Menu, Baptiste. Réactions en chaine Interview with Ernesto Oroza. Azimuts 35, Cite du design, 2010.
Cabaret Punk, stage a la deriva es un powerpoint transferido a video. Recoge superficies de objetos de plástico fabricados por inyección en los hogares cubanos en las últimas décadas. Las materias primas de estos objetos provienen de distintas áreas de la ciudad y de sistemas de objetos asociados a diferentes momentos socio económicos de la nación. Juguetes rotos, tapas de envases, pedazos de autos rusos, colectores urbanos para basura y una infinidad de deshechos son arrastrados cada día a los hogares para ser molidos e insertados en el proceso de inyección. Durante la crisis económica de los 90, después de la interrupción de las relaciones económicas con los antiguos países socialistas, la familia se colocó al centro de la gestión productiva. El hogar cambió radicalmente. Las superficies seleccionadas en este powerpoint mapean esta transformación y diagraman la naturaleza contaminante de las practicas vernáculas empujadas por la necesidad. Proyectan el trastorno del orden estructural de la sociedad. El hogar deviene un agujero negro muy voraz, las maquinas de inyección se alimentan como monstruos. Cada pedazo de plástico, no importa su origen, toxicidad, uso anterior será reubicado por medio del proceso productivo en nuevo sistema de objetos. La lucha de fuerzas que ocurre en la cámara de inyección del molde provee un modelo especulativo de una geometría urbana modulada por fuerzas fatales de la sobrevivencia, las crisis nacionales, derivaciones incontroladas de las economías furtivas, forajidas y los ritmos biológicos familiares.
El proyecto está basado en una investigación (registro fotográfico y recolección) iniciada en el año 1993 sobre objetos de plástico que las familias cubanas produjeron en los hogares para enfrentar la crísis económica de los 90’. Para este propósito se construyeron en las casas máquinas de inyección de plástico que, con la fundición de objetos de aluminio, resaltaron entre las escasas industrias familiares posibles en Cuba. El estado había asumido desde el principio de la revolución y progresivamente toda la producción industrial arrinconando hasta la extinción todas las iniciativas industriales individuales. Las máquinas de inyección criollas construidas desde los 90′ por los creadores populares resultaban de procesos de re-invención y adaptación de sistemas técnicos muchas veces ajenos a la tecnología y procesos afines con la inyección de plásticos.
Las industrias familiares de los 90’ eran ilegales y se sustentaban por un mecanismo de recolección que traía a los espacios de producción familiar toda la materia prima recogida en la urbe. Hordas de recolectores cruzaban la ciudad para hacer fluir los restos de objetos plásticos hacia los cuartos, salas, comedores y otros espacios escogidos para la producción en el hogar. En ocasiones la materia era robada de almacenes estatales paralizados o incluso se hurtaban objetos públicos como los cestos públicos para la basura. En las casas los materiales se separaban por tipos, aunque no era un proceso muy riguroso, y se molían para fabricar los nuevos objetos que la población estaba necesitando. Además de reciclar las materias el proceso impulsó un reciclaje de formas y tipologías de objetos, pues los moldes se producían usando como referencia objetos preexistentes tanto del período capitalista cubano como de las décadas de producción e importaciones socialistas. Diseños que fueron concebidos para vidrio, metal, cerámica u otro tipo de plásticos fueron reproducidos con la turbia mezcla, emparentados (como una familia de objetos) por la misma superficie.
Desde los 90 comencé a escanear y fotografíar las superficies de estos objetos nuevos. En un mismo vaso podía reconocer por los colores los cestos para la basura del espacio público, cajas de propiedad estatal para la distribución de leche y yogurt, juguetes llegados a la isla años anteriores por el intercambio socialista o materias provenientes de mecanismos industriales.
En este proyecto las superficies operan como mapas urbanos abstractos, evocadores, anunciadores, capaces de diagramar los encuentros y contaminaciones pasadas y futuras entre las fuerzas sociales y lógicas legales y económicas en la ciudad. En el 2009 decidí conformar con estas imágenes una presentación de diapositivas (slideshow). Las agrupo en conjuntos de 100 y son proyectadas como una documentación que tiene también por su abstracción la posibilidad de funcionar como un ambiente, un stage móvil. En el año 2010 expuse el primero en una exhibición personal en INOVA, Milwaukee.
Tiles, 2010. Customized vinyl adhesives tiles.
Vinyl tiles (12in by 12in) and graffiti.
Exhibited: Improvising Architecture IFAE MIA, Miami, U.S.
Declaracion: Este proyecto se auto declara temporal. Entiende que en el paisaje infinito de lo genérico los gestos vernáculos se disuelven, ruedan minúsculos hasta desaparecer, como los huesos de opossum en la carretera interestatal I-95.
How Morocco Slate, Senegal Burnt Almond and Regal Wood becomes Jamaican Genetic or Orange Possum?
More info and text about this project here.
Studio Scrap stools and Provisional bench at Once Upon a Chair. Design Beyond the Icon.
Once Upon a Chair. Design Beyond the Icon
GESTALTEN
Editors: R. Klanten, S. Ehmann, A. Kupetz, S. Moreno
Once Upon a Chair is an international up-to-the minute survey of contemporary furniture design. The book captures the zeitgeist of this rigorous industry by examining current trends and presenting pioneering examples by the world’s most influential designers and emerging talents. The collected works indicate a recognisable shift towards progressive responsible designs that make a social impact and the revival of artisanal craft. It further explores how designers are focusing more on process-driven and storytelling concepts as well as the continuing flirtation with material and technological experimentation.
Updating City (theorem). 2000-2010
Founded metal bars chairs, monobloc plastic chairs, metal bars.
Objects of necessity
In certain contemporary urban areas the necessity generates objects that look more the result of an unavoidable sedimentation of materials cornered by the wind into the shapes of the city than the result of a productive activity.
Broken metal chairs loosen from a school and plastic chairs, also broken, expelled from a cafeteria, nearly one piece each month, they ramble around the neighborhood until they get tangentially trapped inside a human activity: a security guard, a street vendor, a ruined bus stop, a mechanic having his business on the sidewalk. It happens everywhere at the same time, as if a hypothetical grid formed by all the broken plastic seats in the city fit by gravity with the gridded field of metal broken chairs spread years ago around Havana. The necessity generates a fatal equation that, under similar circumstances, produces the same results. The individual in need will focus exclusively the repertoire of the usefulness, propitiating a conjunction, a harvest time.
Rent Electricity Gas at 380 NW 24th Street
On behalf of Terri and Donna, Miami based curator Agatha Wara has set up a curious space called RENT ELECTRICITY GAS (a title borrowed from a Martin Kippenberger artwork). Featuring artworks in the form of seats and benches by Jim Drain, Nick Lobo, Ernesto Oroza and a young German artist Phillip Zach the space’s main function is as a bar. When asked “why a bar?”, Wara simply replied “ because what is the point of making more exhibitions?”
The bar opened in conjunction with Felix Larreta’s SPHERESCENT, the latest exhibition by Terri and Donna, a small but spicy gallery located on NW 36th Street. Located in a large warehouse, RENT ELECTRICITY GAS occupies the main space that you have to walk through in order to get to Laretta’s piece located in one of many partitioned areas within the warehouse. The bar, although more of a concept than a serious business model, is functioning and for the next few weeks will serve some peculiar and actually pretty funny drinks made by Wara’s “foodist” friends. “My bar idea is really an experiment, a bar and an exhibition in one, but neither at the same time. That is what I am hoping to accomplish anyway,” said Wara.
Rent Electricity Gas at 380 NW 24th Street
Bar co-ordinated by Agatha Wara.
Terri and Donna, Miami, US. www.terrianddonna.com